Magia a la luz de la luna de Woody Allen

Por Barbara Pombo






















Dirección: Woody Allen
Guión: Woody Allen
97 min - Color - Comedia



Abren los tan amados e irremplazables créditos de Woody Allen acompañados de un clásico jazz, el sello que pisa tan fuerte en cada film que el director neoyorkino estrena por año. Gente culta, de clase alta, expectantes ante un show de escapismo llevado a cabo por un irreconocible Colin Firth bajo un maravilloso disfraz de oriental (aplaudimos al departamento de arte, vestuario y maquillaje).

Años ’20. Conocido como el famoso escapista Wei Ling Soo, Stanley (Colin Firth) es un pedante y frío inglés cuya vida parece muy cómoda y correcta (su personaje es muy popular y aclamado por el mundo y se encuentra comprometido con una mujer con la que son “una pareja creada en el paraíso”) hasta que un día su amigo Howard (Simon McBurney), un menos popular escapista, le cuenta sobre Sophie, una supuesta joven “vidente” (la siempre pintoresca Emma Stone) que puede ver el pasado y establecer contacto con el mundo sobrenatural, lo cual genera en el racional Stanley una fuerte ansiedad por desenmascararla y probar que es una farsante. Para ello, Stanley y Howard se dirigen a Provenza (sudeste de Francia) donde la enigmática joven se encuentra junto a su absorbente madre (Marcia Gay Harden) en la casa de una acaudalada familia, conformada por Grace (la ya consagrada Jacki Weaver) una viuda que planea comunicarse con su difunto marido a través de la sabiduría ancestral de Sophie, Brice (el divertido Hamish Linklater) el hijo snob de Grace, que se encuentra totalmente embobado con Sophie y por último George y Caroline (Jeremy Shamos y Erica Leerhsen) una risueña pareja que presta atención a cada movimiento realizado por Stanley sobre las acciones de la joven adivina. Otro gran personaje que veremos en esta historia será el de la muy querida tía de Stanley, Vanessa (interpretado por la legendaria Eileen Atkins) quien vive muy cerca de Provenza y será un gran apoyo emocional para él. El desafío a la lógica, la posibilidad de un mundo intangible y sobrenatural y los encantos de Sophie, son los principales conflictos del protagonista, quien deberá decidir si sigue luchando contra ellos o si dejarse llevar por los mismos.

En sí es una historia de trama suave que por momentos corre el peligro de carecer de conflicto alguno. Por supuesto que cuenta con un fuerte elenco que sostiene la historia y la lleva adelante, pero de a momentos, las increíbles locaciones de Provenza se roban nuestra completa atención, compitiendo fuertemente con la historia y dificultándonos en seguir el hilo. Woody no se toma, por algún motivo, el detenido tiempo de mostrarnos los espacios que contienen su historia (como tan bien lo hace en otros de sus films tales como “Manhattan” y “Midnight in Paris”) y de alguna manera, nos vamos de la sala exigiendo eso. Los vestuarios son maravillosos y los personajes entrañables, aunque por momentos no estamos seguros de si el lenguaje corresponde a los años 20’ o la actualidad. Y esto es Woody Allen. Un año hace una maravilla cinematográfica, otro año hace un film cuestionable, otro año hace una película linda. Esta es una película linda. Colin Firth y Emma Stone con todo el encanto que eso implica. Y la abrazamos como película linda que es. Y le agradecemos una vez más a Woody Allen por todo. Y lo esperamos con su próxima gran locura el año que viene.

Trailer



Calificación:
Compartir en Google +