Muerte en Buenos Aires de Natalia Meta

Por Nico Feldmann


















Dirección: Natalia Meta
Guión: Natalia Meta
94 min - Color - Policial


Hace bastante que se venía escuchando de “la película del chino Darín”. Su campaña de marketing y su promoción en bastantes programas de televisión, cumplían de manera perfecta con la expectativa que la ópera prima de Natalia Meta podía generar.
Ya de por si contando con un elenco de nombres célebres y una serie de tráilers prometiendo mucha acción e intriga, además de una sorprendente recreación de la década de los 80 porteños, llega a los cines “Muerte en Buenos Aires” afirmando una vez más que no todo lo que brilla… es una buena película.
Como dictan las reglas de casi todos policiales, la historia comienza con un asesinato. La víctima es “Copito” Alcorta, referente de las más altas esferas de la aristocracia porteña y asiduo recurrente de la noche gay en Buenos Aires.
Teniendo en cuenta la delicadeza del caso, el experimentado y algo estereotipado inspector Chávez (Demián Bichir) y su provocativa ayudante Dolores (Antonópulos) serán los encargados de darle un cierre al caso lo antes posible y así no generar más problemas a la “honorable” familia de la víctima.
En la escena del crimen se encuentran con el principiante agente Gómez (Chino Darín), el cual expresa un claro interés por el hecho y pide rápidamente colaborar durante la investigación.
La búsqueda de pistas los llevara a introducirse en lo más profundo de la movida nocturna homosexual. Más precisamente en el boliche “Manila”, regenteado por un peligroso mafioso (Tortonese) que los ayudará a dar con el principal sospechoso, un performer llamado Kevin que casualmente era el amante de la víctima (Carlos Casella).
Tras una pequeña persecución fallida, el trío principal decide que la mejor manera de continuar la investigación es enviando a Gómez a seducir al sospechoso y así lograr la potencial confesión del asesino.
De esta manera “Muerte en Buenos Aires” pretende crear un aura de suspenso en cuanto a la identidad del asesino, pero siempre a partir de un argumento que nunca llega a ser del todo creíble. Prefiriendo hacer más hincapié en la tensión sexual que existe entre el inexperto agente Gómez y el tosco inspector Chávez. (¿Será casualidad el homónimo con Julio Chávez?)
Precisamente la escena más inverosímil es la que más se publicita en los trailers y es la que ocurre en Diagonal Sur mientras una manada de caballos corre por una Buenos Aires desierta y sin signos de alerta por parte de los autos que transitan a unas cuadras.
Por otro lado, dentro del ámbito actoral, la película se llevaría todas las fichas para ser un éxito. Pero lamentablemente es ahí donde surge otra de sus grandes contradicciones. Y no porque no haya talento entre sus nombres.
Comenzando con el prestigioso Demián Bichir, el mismo que interpretó a Fidel Castro en la biopic del Che Guevara dirigida por Steven Soderberg, que hace lo imposible para parecer porteño a la par de sus compañeros pero fracasando rotundamente. Dando como resultado un extraño acento entre el mexicano y el italiano.
Otro caso es el de Mónica Antonópulos como la ayudante de Chávez, que comienza como un personaje fuerte y decidido pero que lentamente se va desdibujando a la vez que el argumento se va enredando con sus propias subtramas.
Generalmente no soy partidario de criticar a los actores. Pero si una actuación hace que la atención se centre más en su forma de interpretar y no en la historia, hay algo que no está funcionando.
Como puntos a favor se destacan Carlos Casella como el amante de la víctima y principal sospechoso y Humberto Tortonese como el dueño de uno de los boliches gay que visitan los protagonistas.
Ambos personajes son lo más representativo del destape de fines de los ochenta que se trató de recrear. Por esta razón, no deja de ser una pena que no profundizaran más en estos personajes, que justamente son lo más rescatable de la película.
Probablemente el que más se estaba arriesgando era el Chino Darín, teniendo en cuenta que este era su debut. Pero por lo general mantiene una interpretación correcta y puntualmente en la última mitad demuestra que con una buena dirección tiene un futuro prometedor en el cine argentino.
“Muerte en Buenos Aires” dista mucho de ser la película que pretendía ser. Pero a pesar de todas sus falencias, hay que subrayar el gran despliegue de producción encargado de generar esa ambientación ochentosa que resulta impecable por donde se la mire.
Los detalles como la musicalización al mejor estilo Virus a cargo de Daniel Melero y la inclusión de hechos característicos de la época como los cortes de luz programados, hacen pensar que el resultado final podría haber sido mucho mejor de lo que fue.
Realmente es una lástima que un film que lo tenía todo para ser para ser una de las mejores producciones del año, se convierta en una parodia de sí mismo por una serie de malas decisiones.
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